
CRÓNICA DE LA BATALLA DE ALCUBLAS Y DON JAIME I
Con eso de que la historia es pasatiempo nacional de Alcublas -bueno, junto con el hablar de todo el mundo sin ton ni son y junto con lo de criticar todo lo que hace otro que no sea uno mismo-, un simpático amigo/a me ha enviado una crónica que encontró en un archivo valenciano sobre Alcublas y el rey don Jaime, en la que se narra la verdadera historia de la donación de la imagen de la Virgen de la Salud a Alcublas:
“Iba Don Jaime con sus 100 caballeros camino del Puig, adonde debía socorrer a su ejército cercado por los moros de Valencia, cuando llegó a un poblado llamado Alcublas. Al entrar en el poblado preguntó a las gentes por el camino a seguir para acudir rápido al Puig de Santa María. Con humildad el jefe de aquellos pobres campesinos les indicó la ruta a seguir, pero cuando ya iban a partir orgullosos sobre sus caballos con el rey al frente, el jefe de los campesinos, con picardía se acercó de nuevo y en tono confidencial les indicó que a mitad de camino les esperaban las tropas musulmanas para tenderles una emboscada, y que si así lo deseaban él mismo les guiaría por un camino que, aunque algo más largo, evitaría el encuentro con las tropas enemigas. Aceptó el ofrecimiento de buen grado el monarca guerrero, y como contrapartida le dijo al jefecillo:
-“Pídeme una recompensa, que yo, Jaime el Conquistador, te la concederé”.
- “Sois muy benévolo señor, pero no debéis molestaros…”.
- “Que no es molestia, es mi voluntad: pedidme una recompensa y ya está”
-“Bueno, si insistís… Cien monedas, oh señor, serán suficiente” le contestó el moro.
- “Imposible” -dijo dando un respingo el monarca aragonés, a quien su residencia en Barcelona había contagiado la racanería que proverbialmente se atribuye a los catalanes desde tiempos inmemoriales- “Pero sin embargo traigo aquí, en mi caballo, algo que seguramente te gustará y que para mi vale más que cien monedas”, le contestó el monarca al tiempo que con disimulo guiñaba un ojo a su escudero, quién con habilidad se acercó hasta uno de los caballos de carga del rey, y rebuscando entre las alforjas sacó una de las muchas tallas de madera que llevaba y se la acercó.
- “Toma, como muestra de gratitud te entrego esta imagen de la Virgen de la Salud, a quien venero y llevo siempre conmigo para que me guarde de todos los males”.
- “Oh, señor, no puedo aceptar tan gran regalo, con las cien monedas que me deis me conformaré, no quiero abusar de vuestra gratitud”, respondió el jefecillo moro viendo volar su recompensa.
- “Que no, que no –respondió Don Jaime, agarrando su casco por el dragón y empezando a mostrarse contrariado-, que no es abusar, que tomes la imagen, que estoy muy, muy agradecido”.
- “De ninguna manera, no puedo señor privaros de tan gran valedora para vuestra salud, yo, un humilde campesino moro…”.
-“He dicho que tomes la Virgen y no se hable más…”
- “¿Cincuenta monedas?”
- “No”
- “¿Veinticinco?”
-“La Virgen”
- “¿Quince y dos barchillas de trigo…?”
- “No…”
- “Es que soy musulmán y no puedo tener imágenes…”
- “Pues te haces cristiano y chimpún”
- “Que no”
- “Que sí”
- “Que no…”
- “Que si…”
Y le aventó un solemne viaje con el casco, y todos se liaron a mamporros en la batalla de Alcublas: los moros corriendo en círculos con la chilaba arremangada y el rey y los suyos detrás con la imagen de la virgen:
- “Que sí”
- “Que no”
- “Que sí”
- “Que no”
…
Un rato después salió Don Jaime con sus huestes de la población: le guiaba un pastor de mediana edad. Atrás, a la sombra de una morera, quedaba el jefe del poblado con un par de enormes chichones en la cabeza, atado como un ovillo junto al camino, y a su lado, sobre una enorme piedra, una pequeña talla de madera policromada con una nota en letra gótica escrita apresuradamente, que se convirtió en el lema de la población desde ese día:
“Pues te haces cristiano y chimpún…”
P.d.: el año que viene la podemos escenificar así ¿No?
